EL PROPÓSITO DE LA VIDA ES SER DEVUELTO AL AMOR


"El propósito de la vida es ser devuelto al amor,
momento a momento. Para alcanzar este propósito,
el individuo debe reconocer que es absolutamente
responsable de haber creado su vida tal cual es.
Debe llegar a comprender que son
sus pensamientos los que han creado su vida
de la manera que es, momento a momento.
El problema no son las personas, los lugares
ni las situaciones, sino los pensamientos
que tenemos acerca de ellos.
El individuo debe darse cuenta por fin
de que no existe ningún "ahí fuera".

Dr. IHALEAKALA HEW LEN


Dana Hayne - Testimonio del encuentro 
sobre Ho'oponopono en Filadelfia

"El doctor Hew Len comenzó la reunión con una conferencia y dibujos...Nos preguntó: ¿Quienes sois?¿Lo sabéis?. Juntos exploramos la realidad cero de nuestro verdadero yo: increíble, eterna, ilimitada, total, completa, vacía, de la cual emana toda la paz. Luego exploramos con él la naturaleza de la pregunta: ¿Qué es un problema?. Nos preguntó: ¿Habéis notado alguna vez que, siempre que hay un problema, vosotros estáis allí?¿Os dice algo eso?...Sin embargo, a medida que pasaban los días comencé a sentirme como si cada vez que le hacía una pregunta al doctor Hew Len, él me dejaba en mal lugar. Sentía que me "faltaba al respeto". Cada respuesta suya me ponía negra y me hacía sentir avergonzada y humillada en público.

Estaba tan enfadada que quería irme. Pero no estaba decidida del todo; así que me levanté y me fui al cuarto de baño, no fuera a echarme a llorar en plena sala de conferencias. Me senté en unos de esos retretes llenos de amoniaco y sentí rabia, que era en lo que se había convertido mi enfado. ¡Oh, sí!, sentía una rabia asesina. Una parte de mí no quería liberarse de aquella furia. Pero otra parte me instaba a decir: "Perdóname. Perdóname. Te amo".

Seguí diciéndole esto una y otra vez a la rabia. Y entonces me di cuenta de que no era una emoción nueva, que ya había sentido antes esta misma rabia, que se filtraba y disfrazaba de lenta quemadura en el fondo de mi consciencia, cada vez que mi marido me menospreciaba, y siempre que mi abogadil madre insistía en tener razón. Y ¡oh, sí! Ella era muy capaz de hacer que lo negro parezca blanco, confundiendo el inocente corazón de esta niña.

Y entonces comprendí, "lo cogí". ¡Ajá! ¡Eso es! Se trataba de un viejo recuerdo, la viga en mi ojo, la viga que yo hincaba en el corazón de otros. Ésta es la espada de la memoria que llevo en el corazón y llevo arrastrando a mi "ahora", y con la que mato a otros: al doctor Hew Len, a mi madre, a mi marido, a George Bush, a Saddan Husein y a cualquier otra persona a la que pueda acusar. De eso es de lo que estaba hablando el doctor H. Len, del bucle que hace que el sonido de la cinta se repita continuamente, sin parar.


No me fui. Volví a la sala de conferencias, y experimenté una profunda calma durante el resto del día. Seguí diciendo en silencio "Lo siento. Por favor, perdóname. Gracias. Te amo". Cuando el doctor Len respondió a mis preguntas después de aquello, sólo sentí amor por su parte, ninguna de las emociones anteriores. Pero él no había cambiado en absoluto; era algo dentro de mí lo que ahora era distinto".

Joe Vitale, "Cero Límites", Ediciones Obelisco, 
p. 162-164, 167.

Saludos corazones creativos, Cecilia










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