lunes, 15 de mayo de 2017

LA INTUICION Y PICASSO


La Intuición
Es una percepción interior que facilita nuevas significaciones de las cosas, nos ayuda a percibir nuevas relaciones y nuevas analogías. Como siempre ha dicho Picasso: "cuando uno quiere hacer un cuadro, hay que tener una idea, pero una idea vaga, y el cuadro puede evolucionar muchísimo durante la realización". 
(KAHNWEILER, D. Henry. Daniel Henry Kahnweiler: mis galerías y mis pintores: Conversaciones con Francis Crémieux. Madrid: Ardora, 1991, p. 180)  

Esa idea aunque vaga es “estar abierto”, dejar que tu inconsciente hable en el lienzo.

En la última página de un carnet anotó simplemente un día: "La pintura es más fuerte que yo. Me hace hacer lo que se le antoja". Intenta imponer su voluntad (...) Pero ahí está la pintura y contra ella no hay nada que hacer (...) Es la suerte de los pintores. Ceden (...) Está a la vez en ellos mismos y fuera de ellos. ¿Por qué? ¿Qué nos obliga?- dice Picasso - ¡Ah, nadie puede saber lo que es!... 
(PARMELIN, Hélène. Habla Picasso. Barcelona: Gustavo Gili, 1968, p. 27)

Esa percepción que “nadie puede saber lo que es”, que él lo llama la voluntad de la pintura, es un impulso de decisiones instintivas en la delgada línea entre el inconsciente y tu mente consciente, entre tu cerebro izquierdo analista y racional y tu mitad llena de imaginación y de intuición.  Siendo el creador el que tiene esa conexión siempre abierta en su mente y el que “cede” ante ella.

Habría que poder decir que tal pintura es como es, con su capacidad de poder, porque ha sido "tocada por Dios”- decía Picasso. Pero a la gente le sonaría a falso. Y, sin embargo, es lo que más se acerca a la verdad (...) No hay explicación a dar con palabras. Sino que por una relación del hombre creador, con lo que hay más alto en el espíritu humano, algo sucede que da a la realidad pintada ese poder. Se puede buscar durante mil años -dice Picasso- Nada se encontrará. Hoy todo se puede explicar científicamente. Salvo eso. Se puede ir a la luna y al fondo del mar, y todo lo que se quiera, pero la pintura sigue siendo pintura como una pregunta. Y sólo ella da la respuesta. 
(PARMELIN, Hélène. Habla Picasso. Barcelona: Gustavo Gili, 1968, p. 28)


Comenta Picasso que “nada se encontrará”, pero hoy en día una de las ramas que más ha avanzado en la ciencia es la neurociencia y el estudio del cerebro, queremos descubrir cómo funciona nuestro órgano más complejo y decisivo en todas nuestras funciones. Hoy en día el estudio de la psicología de la creatividad analiza qué conexiones neuronales se realizan para elaborar el mejor trabajo de la mente: el proceso creativo. Picasso en esta cita anterior intuye de forma prematura la importancia que tendrá buscar las respuestas de cómo el ser humano es capaz de crear.

Yo no tuve nunca conciencia del cubismo -dirá Braque- si hubiera sido consciente de ello, lo habría explotado. Yo he estado siempre dispuesto al descubrimiento. ¿Qué quiere usted que me aporte el cubismo? Para mí, estaba por hacer (...) (frase recogida por Dora Vallier). 
(CABANNE, Pierre. El siglo de Picasso: El nacimiento del Cubismo. Vol.1. Madrid: Ministerio de Cultura, 1982, P. 288) 

En los primeros años del cubismo, Picasso se acerca con curiosidad, con ansia de conocer y de descubrir el arte negro, que supondrá una concepción artística que hará propia y aplicará en su obra. Nos confiesa que fue un gran hallazgo personal entender las máscaras africanas como mediadoras, ahora describiríamos que según Picasso a través de ellas se libera el flujo creativo. Y le atraían por ser contrarias a todo, ya que al darles forma desatan esa fuerza que creía desconocida y llamaba “espíritus” pero que ahora trataríamos como inspiración. Es interesante cómo se cuestiona lo que él intuye a la hora de enfrentarse a su obra. El propio artista se analiza, se cuestiona y se intenta responder.

Cuando descubrí el arte negro, hace cuarenta años, y pinté lo que se ha denominado mi época negra, lo hacía para oponerme a lo que en los museos se llamaba "belleza". En aquel momento, para la mayoría de la gente, una máscara negra no era más que un objeto etnográfico. Cuando acudí por primera vez, con Derain, al museo del Trocadero, me asaltó un olor a moho y abandono. Me deprimió tanto que hubiera querido marcharme enseguida. Pero me obligué a quedarme, a examinar aquellas máscaras, todos aquellos objetos que unos hombres habían ejecutado con una intención sagrada, mágica, para que sirvieran de intermediarios entre ellos y las fuerzas desconocidas, hostiles, que les rodeaban, tratando así de superar su temor al darles color y forma. Y entonces comprendí que aquél era el sentido de la pintura. No se trata de un proceso estético; es una forma de magia que se interpone entre el universo hostil y nosotros, una manera de asir el poder, imponiendo una forma a nuestros terrores y a nuestros deseos. El día en que comprendí esto, supe que había hallado mi camino. 
(DÉSALMAND, Paul. Picasso por Picasso: pensamientos y anécdotas. Barcelona: Thassàlia, 1998, 159)

Cuando descubre esto supo el camino, esos terrores toman forma, y por fin tiene el control, pues desaparecen los temores al hacerlos evidentes y revelarlos. Pero él ve el universo como hostil, ya que su creación es riesgo, es un lanzarse.


Fragmento de mi tesis doctoral "El impulso creativo de la música en la pintura de Pablo Picasso y Geoges Braque hasta 1914"
Saludos corazones creativos, Cecilia

miércoles, 10 de mayo de 2017

NOS HAN DROGADO - ANTHONY DE MELLO



Nos han drogado
Anthony de Mello

"Supongamos que tomamos a un niño pequeño, a una criatura de seis meses, y le inyectamos heroína o alguna otra droga. Y supongamos que seguimos inyectando al niño la droga. Al cabo del tiempo, todo el cuerpo del niño ansiará la droga. La ansiará desesperadamente. Ya veis, no se ha criado con una alimentación buena ni sana; al niño se le ha criado con droga. Y cuando quitas al niño la droga, el pobre sufre en su cuerpo unos tormentos mortales.

           ¿Estáis preparados para que os dé una sorpresa? Pues eso mismo fue lo que os pasó y lo que me pasó a mí; lo que nos pasó a todos. Que nos drogaron de niños. No nos criaron con la alimentación sana de los juegos, del trabajo, de la belleza y de los placeres del sentido, ni de los placeres de la mente cuando fuimos algo mayores. Nada de eso. Nos acostumbraron a una droga que se llama "aprobación de los demás". A una droga que se llamaba "éxito". A una droga que se llamaba "llegar a lo más alto, brillar". Hacerse valer. Triunfar. Vencer. Nos alimentaron con el poder, la reputación, la fama, el prestigio. Nos dieron esas drogas. 


                Y ¿sabéis qué? Nosotros empezamos a sentirnos bien así. Cuando nos aplaudían, la sensación nos embriagaba. Empezamos a pensar en lo estupendo que era ser famoso, en lo estupendo que era tener éxito, en lo estupendo que era tener popularidad. Pero cuando empezamos a hacernos mayores, ya podían controlarnos como querían. Solo tenían que quitarnos la droga.

              Chicos, si alguno de vosotros no ha pasado por esto, le doy la enhorabuena. ¿Que los demás no te aprueban? Te sientes intranquilo, inquieto. ¿Que te critican? ¿que no te aprecian? Síndrome de abstinencia: te arrastras para suplicar que te acepten y te tranquilicen. Y los psicólogos escriben libros en los que te cuentan que así es como debes ser, que así es como hay que ser. Más droga. Más control.


                Ahora, a consecuencia de esta droga, has perdido la capacidad de amar. Porque cuando necesitas a una persona, no puedes amar a esa persona. ¿Sabes por qué? porque ya no puedes ver a la persona. Cuando un político necesita votos, deja de ver a las personas. Cuando los empresarios se obsesionan con los beneficios, dejan de ver a las personas. Cuando yo quiero algo de ti, dejo de verte a ti; lo que quiero es conseguir algo de ti.

                      Y, ¿sabéis?, no es nada bueno pasarnos veinticuatro horas al día deseando algo de la gente que nos rodea, consciente o inconscientemente. Queremos su aprobación. Tememos su desaprobación; tenemos miedo a su rechazo; tenemos miedo a lo que pensarán de nosotros. ¿Cómo vas a amar a las personas cuando dependes tanto de ellas emocionalmente?

                       Ah, te dirán con toda la solemnidad del mundo que tenemos que depender los unos de los otros. Por supuesto que tenemos que depender los unos de los otros. Así es como se desarrolla la sociedad. Compartimos el trabajo, compartimos nuestros cuidados mutuos. Eso es maravilloso; yo no tengo nada en contra de una dependencia de este tipo. Lo malo es cuando tu felicidad depende de otra persona. Depender de otra persona para aprender de ella, para acceder a sus conocimientos técnicos, para conseguir alimentos: todo eso está bien. Para que haya más cooperación en el mundo: maravilloso. Pero que tu felicidad dependa de otra persona, eso es malo. Así no puedes amar. Pensadlo más tarde, con tiempo y con tranquilidad.


                 Cuando dejas de depender de los demás, cuando sofocas la necesidad que tienes de los demás..., cuando empiezas a captar todo esto..., es aterrador, porque te quedas solo de pronto. No es que te sientas solo, es que te quedas solo. La sensación es rara. Entiendes de pronto lo que habías sido desde el principio, aunque sin saberlo hasta ahora. Y te das cuenta de pronto de lo precioso que es estar solo, de lo bonito que es no necesitar emocionalmente de los demás. Y entiendes por primera vez que puedes amar a las personas.

                 Ya no te hace falta sobornar a las personas, ya no te hace falta manipularlas, ya no te hace falta impresionarlas. Ya no te hace falta apaciguarlas. Puedes amar por fin. Y, por primera vez en tu vida, pierdes el sentido de la soledad. Ya no puedes sentirte solo. ¿Sabes lo que significa "soledad"? La soledad es necesitar imperiosamente a los demás, hasta tal punto que no puedes ser feliz sin los demás. La soledad no se cura con la compañía humana. La soledad se cura con el contacto con la realidad, entendiendo que no necesitas a los demás. Una vez curada, ya puedes disfrutar de las demás personas, porque no necesitas de ellas. 

          Entonces deja de haber tensión. ¿Sabes lo que significa estar con otras personas sin tener tensión? No la tienes porque te trae sin cuidado que te aprecien o no, te trae sin cuidado lo que piensan de ti. ¿Sabes lo que significa esto? La libertad. La alegría. Que piensen lo que quieran, que digan lo que quieran. No importa. A ti no te afecta. Has eliminado de tu organismo la droga.



             Y sí: sigues estando en el mundo, solo que ya no perteneces a él. Ya no te pueden controlar. Y de pronto no tienes donde reposar la cabeza. Los zorros tienen sus madrigueras; las aves tienen sus nidos. Pero tú no reposas la cabeza en ninguna parte, porque no te hace falta. Porque ya no te aferras. Entonces es cuando comienza el amor".
Anthony de Mello, Redescubrir la vida, p. 119







Gracias Miguel por enseñarme este maravilloso texto.
Saludos, corazones creativos,