miércoles, 26 de julio de 2017

DEJANDO EL MUNDO ATRÁS

"No sentía como si hubiera ido físicamente, 
a alguna parte; era, más bien, 
como si hubiera despertado. 
Acaso me había despertado 
por fin de un mal sueño, 
y mi alma estaba conociendo ahora 
la verdadera magnificencia, 
y al hacerlo, se estaba expandiendo más allá de mi cuerpo y del mundo físico. 


Se extendía más y más hacia afuera, 
hasta que abarcó toda la existencia, 
aunque no se limitó a eso: 
continuó expandiéndose, 
adentrándose en otro ámbito 
más allá del tiempo y el espacio, 
pero sin dejar atrás el anterior, 
sino excluyéndolo todo.


Amor, felicidad, éxtasis y asombro 
fueron los sentimientos que me llenaron, 
me traspasaron y me envolvieron. 
Me vi engullida y envuelta en 
más amor del que jamás pensé 
que pudiera existir. 

Me sentí más libre y 
más viva que nunca. 
Como he dicho, 
de repente percibía cosas 
que no eran físicamente posibles, 
como las conversaciones que 
mi familia tenía con el personal médico 
lejos de mi cama del hospital.


Esas abrumadoras sensaciones eran 
propias del ámbito expandido 
que las albergaba, 
y no existen palabras para describirlas. 
Esa sensación de amor pleno, 
puro e incondicional 
era totalmente distinta a cualquier cosa 
que hubiera podido sentir anteriormente. 



Es imposible calificarla o clasificarla. 
Era un amor absolutamente indiscriminado,
 como si no tuviera que hacer nada 
para merecerlo ni demostrar nada 
para ganármelo".


Anita Moorjani, 
Morir para ser yo, 
pag. 97




En homenaje a mi padre

Saludos corazones creativos, Cecilia


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